El autismo es un trastorno generalizado del desarrollo que afecta la manera en que un niño se desenvuelve en varias áreas, como el habla, las destrezas sociales y la conducta. Dado que la severidad de los síntomas varía ampliamente, suele decirse que los niños con problemas en estas áreas tienen un trastorno de espectro autista.
El autismo afecta a alrededor de uno de cada 150 niños en los Estados Unidos1,2 y el número de casos diagnosticados es más alto que nunca. Los índices se han multiplicado en aproximadamente 10 veces respecto de la década de los 80, aunque este aumento podría deberse a un mejor conocimiento y a los cambios en los métodos para diagnosticar el autismo.1
¿Cuáles son los síntomas del autismo?
Los niños con autismo pueden presentar varios síntomas, desde leves hasta severos, incluidos los siguientes:
- Dificultades en las interacciones con otras personas y para hacer amigos
- Problemas de comunicación, tanto en la comunicación verbal como no verbal. Aproximadamente el 40 por ciento de los niños afectados no habla en absoluto.2
- Insistencia en la misma rutina
- Movimientos repetitivos, tales como agitar las manos
- Cierto grado de retraso mental o incapacidades de aprendizaje en la mayoría de los niños afectados (pero no en todos)
Cada niño autista es un caso único pero puede compartir ciertas características y conductas con los demás, como por ejemplo:2,3
- Repite palabras
- No juega a juegos de simulación
- No señala objetos ni se despide saludando con la mano
- Es hiperactivo
- Tiene berrinches con frecuencia
- Evita el contacto visual
- Tiene dificultades para iniciar o mantener una conversación
- No responde cuando lo llaman por el nombre
- Repite acciones una y otra vez
- Se concentra en un solo tema o actividad
- Desea estar solo
- Es hipersensible al sonido, gusto y olor de las cosas y a la manera en que las percibe con el tacto
- No le gusta que lo abracen o lo acaricien
- Tiene problemas para dormir
- No siente temor en situaciones de riesgo
- Es agresivo
- Se lastima a sí mismo
- Pierde destrezas (por ejemplo, deja de decir palabras que solía decir)
Los niños con un trastorno leve de espectro autista llamado síndrome de Asperger comparten algunos de los rasgos del autismo, pero tienen una inteligencia normal y aprenden a hablar a la edad que corresponde.
¿Cuándo se diagnostica el autismo?
Por lo general, los niños autistas no tienen un aspecto diferente del de otros niños. Parecen desarrollarse normalmente durante el primer año de vida pero a partir del segundo, algunos comienzan a atrasarse en el desarrollo de destrezas sociales o el habla, o incluso pierden destrezas que ya habían adquirido. El autismo suele diagnosticarse cerca de los tres años de edad, aunque a veces es posible diagnosticarlo ya a los 18 meses de vida.2
¿Cómo se diagnostica el autismo?
No existe un análisis médico para diagnosticar el autismo. Por lo general, los médicos diagnostican el autismo observando el comportamiento del niño y realizando pruebas de detección precoz que miden una serie de características y comportamientos asociados con esta enfermedad.
Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (Centers for Disease Control and Prevention, CDC) recomiendan realizar una prueba de detección precoz a todos los niños a los 18, 24 y 30 meses de vida en sus visitas médicas de control.2 Si la prueba de detección precoz indica un posible problema, el médico puede realizar pruebas adicionales o recomendar la evaluación por un especialista.
¿Quiénes corren riesgo de tener autismo?
El autismo ocurre en todos los grupos raciales, sociales y educacionales y el riesgo en los niños es aproximadamente cuatro veces mayor que en las niñas.2
Los hermanos de un niño afectado pueden ser más propensos a padecer autismo, aunque el riesgo parece ser bastante bajo (del dos al ocho por ciento).2
¿Cuáles son las causas del autismo?
Si bien no se conocen a fondo las causas del autismo, los científicos han establecido que esta enfermedad no es causada por problemas en la crianza del niño ni por otros factores sociales. Es un trastorno biológico que parece estar asociado con anomalías sutiles en el desarrollo de estructuras o funciones específicas del cerebro.
Aparentemente, tanto los factores genéticos como ambientales son determinantes. Los científicos creen que hay al menos una docena de genes de diferentes cromosomas que contribuyen a la enfermedad.3 En una minoría de casos, también pueden influir otras enfermedades genéticas, como el síndrome de X frágil (retraso mental y problemas de conducta) y esclerosis tuberosa (tumores no cancerígenos que afectan el cerebro y otros órganos).2 Ciertas infecciones que se producen antes del nacimiento (como la rubéola y el citomegalovirus) también se han asociado con el autismo.2
¿Las vacunas infantiles contribuyen al autismo?
Las vacunas infantiles , incluida la vacuna contra el sarampión/paperas/rubéola (MMR), no causan autismo. Algunos sospechan que esta vacuna, administrada entre los 12 y los 15 meses de edad, contribuye al autismo porque los niños a veces comienzan a presentar síntomas poco tiempo después de haberse vacunado. En realidad, ésta es probablemente la edad a la que suelen comenzar a aparecer los síntomas, aunque el niño no haya sido vacunado.
Otra razón por la cual se sospecha que las vacunas infantiles influyen en el autismo es que, hasta hace poco tiempo, éstas incluían un conservante llamado timerosol que contiene mercurio. (Desde 2002, ninguna de las vacunas infantiles normalmente administradas contiene timerosol, a excepción de la vacuna contra la gripe, aunque también existen versiones sin timerosol.)4 Si bien ciertas formas de mercurio en dosis altas pueden afectar el desarrollo cerebral, los estudios sugieren que esto no ocurre con el timerosol. En 2004, un panel del Instituto de Medicina (Institute of Medicine) llegó a la conclusión de que ni la vacuna MMR ni las vacunas que contienen timerosol están asociadas con el autismo.5
¿Cómo se trata el autismo?
Los niños suelen presentar una notable mejora en los síntomas cuando se los somete a un tratamiento intensivo de la conducta durante la edad preescolar.2,4 Es posible iniciar un programa de tratamiento personalizado entre los dos y tres años de edad y continuarlo durante toda la edad escolar.
No existe cura para el autismo. Sin embargo, para algunos niños son beneficiosos los medicamentos que ayudan a mejorar los síntomas de conducta ya que les permiten aprender mejor. Algunos de los medicamentos comúnmente usados incluyen los antidepresivos, antipsicóticos y estimulantes, como por ejemplo Ritalin, normalmente indicado para el trastorno de hiperactividad por déficit de atención. Un nuevo antipsicótico llamado risperidona (Risperdal) es el único medicamento aprobado específicamente por la Administración de Alimentos y Medicamentos (Food and Drug Administration, FDA) para el tratamiento de conductas autistas, como agresión, autolesiones y berrinches.4