14 de mayo de 2008
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La Hipertensión Durante el Embarazo

La presión arterial es la fuerza que ejerce la sangre contra el interior de las arterias (los vasos sanguíneos que transportan sangre rica en oxígeno a todo el organismo). Cuando la presión de las arterias se eleva demasiado, se habla de hipertensión.

Hasta el cinco por ciento de las mujeres padece hipertensión antes del embarazo.1 Este tipo de hipertensión se conoce como hipertensión crónica. Otro cinco a ocho por ciento de mujeres desarrolla hipertensión durante el embarazo,2 en cuyo caso se habla de hipertensión gestacional. La hipertensión gestacional por lo general desaparece poco tiempo después del parto. Sin embargo, las mujeres que la desarrollan pueden tener un riesgo mayor de desarrollar hipertensión nuevamente en otro momento de sus vidas.

La hipertensión no suele producir ningún síntoma evidente, esté o no embarazada la mujer. No obstante, la hipertensión durante el embarazo puede provocar graves complicaciones para la madre y el bebé. Afortunadamente, por lo general es posible prevenir los problemas graves con cuidados prenatales adecuados.

¿Cómo se mide la presión arterial?
En las mujeres embarazadas la presión arterial se mide en cada visita prenatal al médico, quien utiliza para dicho fin un brazalete inflable que se coloca alrededor de la parte superior del brazo. La presión arterial se mide mientras el corazón se contrae (presión sistólica) y mientras el corazón se encuentra relajado entre contracciones (presión diastólica). Los valores de la presión arterial se expresan con dos números, donde el número superior representa la presión sistólica y el inferior la presión diastólica, por ejemplo 110/80. Un valor de presión sistólica de 140 o superior o un valor de presión diastólica de 90 o superior se consideran un estado de hipertensión. Como la presión arterial puede subir y bajar durante el día, los médicos suelen repetir la medición una o más veces en el caso de obtener un valor alto para determinar si la mujer realmente tiene hipertensión.

¿Qué es la hipertensión crónica?
La hipertensión crónica se define como la presión arterial alta diagnosticada antes del embarazo o antes de la semana número 20 de embarazo. Esta forma de hipertensión no desaparece después del parto.

Las causas de la hipertensión crónica no se conocen con precisión, aunque se cree que la herencia, la dieta y el estilo de vida son factores determinantes. Si no se la trata, la hipertensión puede aumentar el riesgo de problemas graves de salud, como ataques al corazón y accidentes cerebrovasculares (derrames cerebrales).

Las mujeres que padecen hipertensión crónica deben consultar a su médico antes de intentar quedar embarazadas. Una consulta previa al embarazo permitirá al médico asegurarse de que la presión arterial se encuentre bajo control y evaluar los medicamentos que la mujer toma para controlar su presión arterial. Si bien algunos medicamentos para reducir la presión arterial son seguros durante el embarazo, otros — incluido un grupo de fármacos llamados inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (ACE) — pueden ser nocivos para el feto. Algunas mujeres con hipertensión crónica pueden abandonar la medicación o reducir su dosis, al menos durante la primera mitad del embarazo, ya que la presión arterial suele disminuir durante este período. De todas maneras, la presión arterial debe controlarse cuidadosamente durante este período.

La mayoría de las mujeres que padecen hipertensión crónica tiene un embarazo saludable. No obstante, aproximadamente un 25 por ciento desarrolla una forma de hipertensión gestacional llamada preeclampsia (ver a continuación), que conlleva riesgos especiales.2,3

¿Que es la hipertensión gestacional?
Existen dos tipos principales de hipertensión gestacional. Los dos se producen después de la semana número 20 del embarazo y desaparecen sin necesidad de tratamiento poco tiempo después del parto. La preeclampsia es un trastorno potencialmente grave que se caracteriza por alta presión arterial y proteína en la orina. Cuando la alta presión arterial no va acompañada de proteína en la orina, se la denomina hipertensión gestacional. No obstante, este tipo de hipertensión puede evolucionar y convertirse en preeclampsia. Por esta razón, se realiza un seguimiento estricto de todas las mujeres que desarrollen hipertensión durante el embarazo.

La preeclampsia también puede ir acompañada de hinchazón (edema) en las manos y el rostro, y de un aumento repentino de peso (5 libras/2.5 kg o más en una semana). Otros síntomas evidentes pueden incluir vista borrosa, fuertes dolores de cabeza, mareos y dolores intensos de estómago. Las mujeres embarazadas deben ponerse en contacto con su médico de inmediato si manifiestan cualquiera de estos síntomas.

Por lo general, la preeclampsia se produce después de aproximadamente 30 semanas de embarazo. La mayoría de los casos son leves, con una presión arterial de alrededor de 140/90. Con frecuencia, la preeclampsia leve no presenta síntomas evidentes, pero si no se trata puede provocar problemas graves.

Es importante recordar que muchas de las mujeres que desarrollan preeclampsia o hipertensión gestacional lo hacen a las 37 semanas de gestación o después. Por lo general, estas mujeres tienen pocas complicaciones.

¿Qué riesgos conllevan la preeclampsia y otros tipos de hipertensión para las mujeres embarazadas y el feto?
Todas las manifestaciones de la hipertensión pueden constreñir los vasos sanguíneos del útero que suministran oxígeno y nutrientes al feto. Si esto ocurre antes de término, puede retrasar el crecimiento del feto y, en algunos casos, hacer que el bebé nazca con bajo peso. La hipertensión también aumenta el riesgo de parto prematuro (antes de las 37 semanas de gestación). Los bebés prematuros y con bajo peso al nacer tienen un riesgo mayor de tener problemas de salud después de nacer e incapacidades permanentes, como problemas de aprendizaje y parálisis cerebral.

La hipertensión también aumenta el riesgo de desprendimiento de la placenta, que es la separación prematura de la placenta de la pared uterina antes del parto. Cuando es grave puede provocar hemorragia abundante y shock, situaciones peligrosas para la madre y el bebé. El síntoma más común de desprendimiento de la placenta es la hemorragia vaginal después de las 20 semanas de embarazo. Se recomienda a las mujeres embarazadas informar de inmediato cualquier hemorragia vaginal a su médico. Si bien todas las mujeres que padecen hipertensión durante el embarazo están expuestas al riesgo de tener estos problemas, el riesgo es mayor en las mujeres con hipertensión crónica acompañada de preeclampsia.3

La preeclampsia también puede evolucionar rápidamente y convertirse en una enfermedad poco frecuente potencialmente fatal llamada eclampsia, que provoca convulsiones y estado de coma. Afortunadamente, la eclampsia es poco común en mujeres que reciben los cuidados prenatales adecuados a intervalos regulares, ya que en cada consulta prenatal, se les mide la presión arterial y se les realiza un análisis de orina para detectar la presencia de proteínas. De esta manera, es posible diagnosticar y tratar la preeclampsia antes de que evolucione y se convierta en eclampsia.

¿Cómo se trata la preeclampsia?
La única cura para la preeclampsia es el parto. Sin embargo, inducir el parto no siempre es aconsejable para el bebé. Por consiguiente, el tratamiento de la enfermedad depende de la gravedad del problema y de la etapa del embarazo de la mujer. Si una mujer está en término (de 37 a 40 semanas) y si la preeclampsia es leve y el cuello uterino ha comenzado a disminuir de grosor y a dilatarse (señales de que está listo para el parto), su médico probablemente le recomendará un parto inducido. Esto evitará cualquier complicación potencial que pudiera desarrollarse si el embarazo continuara y la preeclampsia empeorara. Si el cuello uterino aún no está listo para el parto, el médico le recetará medicación para preparar el cuello uterino para la inducción o simplemente continuará realizando un seguimiento minucioso de la mujer y su bebé hasta que comience el parto naturalmente.

Si una mujer desarrolla preeclampsia leve antes de la semana número 37 del embarazo, su médico probablemente le recomendará que reduzca sus actividades. En algunos casos, puede recomendarse la hospitalización de la mujer embarazada, aunque la mayoría puede tratarse en su casa. El estado del bebé se controlará estrictamente a través de ultrasonido o de la monitorización del ritmo cardíaco fetal. Es probable que se le recomiende a la mujer embarazada que se realice algunos análisis de sangre para determinar si la preeclampsia está avanzando y dañando su salud.

Si la mujer padece preeclampsia grave, será necesario hospitalizarla. Si una mujer padece preeclampsia grave y ha superado las 33 a 34 semanas de gestación, es probable que su médico le recomiende un parto inducido.4 En esta etapa del embarazo, el riesgo de nacimiento prematuro por lo general pasa a segundo plano debido al riesgo de desarrollo de eclampsia. Antes de inducir el parto, por lo general los médicos tratan a las mujeres con menos de 34 semanas de gestación con corticosteroides, que ayudan a acelerar la maduración de los pulmones del feto para reducir el riesgo de problemas relacionados con la premadurez. En el caso de mujeres que desarrollan preeclampsia grave antes de las 32 semanas de gestación, es posible que se pueda realizar un control estricto de su condición en el hospital para prolongar el embarazo en forma segura mientras su bebé continúa madurando.

En ocasiones, la presión arterial de la mujer embarazada continúa aumentando a pesar del tratamiento con medicación específica y debe dar a luz a su bebé antes de lo normal para evitar los problemas graves de salud, como accidentes cerebrovasculares, daño hepático y convulsiones. Los bebés nacidos en forma prematura pueden tener problemas por ser prematuros, como dificultades respiratorias. No obstante, a la mayoría de estos bebés les conviene más estar en una sala de cuidados intensivos que permanecer en el útero.

Aproximadamente un 10 por ciento de las mujeres con preeclampsia grave también desarrolla un trastorno conocido como síndrome HELLP (hemólisis, función hepática elevada y bajo recuento de plaquetas), que se caracteriza por anomalías en la sangre y en el hígado.5 Los síntomas pueden incluir náuseas y vómitos, dolores de cabeza, dolor en la parte superior del abdomen y malestar general. Las mujeres con síndrome HELLP, que también puede desarrollarse en las primeras 48 horas posteriores al parto, son tratadas con medicamentos para controlar la presión arterial y evitar convulsiones, y en ocasiones con transfusiones de sangre. Las mujeres que desarrollan el síndrome HELLP durante el embarazo casi siempre se ven obligadas a tener un parto prematuro para evitar complicaciones graves.

¿Qué tratamiento se aplica a las mujeres con hipertensión gestacional e hipertensión crónica?
La mayoría de estas mujeres suele tener embarazos exitosos. Los médicos controlan estrictamente la presión arterial y la orina para detectar síntomas de preeclampsia o de un empeoramiento de la hipertensión. Pueden recomendarse ultrasonidos y controles del ritmo cardíaco fetal para controlar el crecimiento y estado del feto. Si los resultados de las pruebas son normales, es posible que no sea necesario repetirlas a menos que cambie la condición de la madre. El médico puede recomendar a la mujer embarazada limitar sus actividades y evitar el ejercicio aeróbico.

¿Puede una mujer con preeclampsia tener un parto vaginal?
Es más aconsejable dar a luz por parto vaginal que por cesárea en el caso de mujeres con preeclampsia, ya que así se evitan las exigencias adicionales impuestas por la cirugía. Por lo general, es apropiado el uso de anestesia epidural a las mujeres con preeclampsia para aliviar el dolor durante los trabajos de parto y el alumbramiento.

Las mujeres que padecen preeclampsia grave o eclampsia suelen tratarse con un fármaco llamado sulfato de magnesio para evitar convulsiones durante el parto y el alumbramiento. No se ha determinado con precisión si este fármaco también beneficia a las mujeres con preeclampsia leve.

¿Cuáles son las causas de la preeclampsia y quiénes están en riesgo?
Los médicos aún desconocen las causas de la preeclampsia. Sin embargo, las mujeres son más susceptibles si tienen cualquiera de estos factores de riesgo 1,3:

  • Se trata del primer embarazo
  • Tienen antecedentes familiares de preeclampsia
  • Tienen antecedentes personales de hipertensión crónica, enfermedad renal, diabetes, lupus eritematoso sistémico (enfermedad a menudo caracterizada en sus primeras etapas por un anquilosamiento de las articulaciones parecido al de la artritis, una erupción cutánea con forma de mariposa en la nariz y en las mejillas, cansancio y pérdida de peso) y ciertas trombofilias (trastornos de la coagulación sanguínea)
  • Se trata de un embarazo múltiple
  • Tienen menos de 20 años de edad o más de 35
  • Son de extracción afroamericana
  • Tienen exceso de peso
  • Tienen antecedentes personales de preeclampsia

¿Puede la preeclampsia volver a ocurrir en otro embarazo?
Las mujeres que han padecido preeclampsia son más propensas a desarrollarla nuevamente en otro embrazo. El riesgo de recurrencia parece ser mayor cuando la preeclampsia se ha presentado antes de la semana número 29 de gestación y, en algunos casos, puede ser de hasta el 65 por ciento en otro embarazo.5 Aproximadamente el 20 por ciento de las mujeres que han desarrollado preeclampsia después de la semana 37 de su embarazo vuelve a desarrollarla.5

¿Puede prevenirse la preeclampsia y la hipertensión gestacional?
En la actualidad no hay manera de prevenir la preeclampsia ni la hipertensión gestacional. No obstante, un estudio realizado en 1999 en Gran Bretaña sugiere que algunas mujeres de alto riesgo (incluso mujeres que padecieron preeclampsia en un embarazo anterior) podrían reducir su riesgo tomando vitaminas C y E durante la segunda mitad del embarazo.6 Las mujeres de alto riesgo que tomaron las vitaminas redujeron su riesgo de preeclampsia en aproximadamente un 75 por ciento. Los investigadores advierten que hacen falta más estudios antes de poder recomendar ampliamente este tratamiento. Se ha comprobado que otros tratamientos que parecían prometedores en estudios anteriores (como la aspirina y el calcio) no han resultado útiles para la prevención de la preeclampsia.

¿March of Dimes financia investigación sobre la preeclampsia y otras formas de hipertensión durante el embarazo?
March of Dimes ha apoyado una serie de estudios destinados a comprender mejor las causas de la preeclampsia y mejorar el tratamiento de este y otros tipos de hipertensión durante el embarazo. Recientemente, algunos becarios han intentado encontrar los genes que influyen en la preeclampsia para identificar a las mujeres propensas a esta enfermedad en una etapa anterior del embarazo y, en última instancia, desarrollar diferentes métodos de prevenir este trastorno. Otro becario ha estado investigando si ciertos ácidos grasos que se encuentran en el pescado, como el salmón y la carita (mackerel), pueden ayudar a reducir el riesgo de preeclampsia.

Referencias
1. American College of Obstetricians and Gynecologists. Chronic Hypertension in Pregnancy. ACOG Practice Bulletin, número 29, julio de 2001.

2. American College of Obstetricians and Gynecologists. Diagnosis and Management of Preeclampsia and Eclampsia. ACOG Practice Bulletin, número 33, enero de 2002.

3. Roberts, J.M., et al. Summary of the NHLBI Working Group on Research on Hypertension During Pregnancy. Hypertension, volumen 41, marzo de 2003, págs. 437-445.

4. Sibai, B.M. Diagnosis and Management of Gestational Hypertension and Preeclampsia. Obstetrics and Gynecology, volumen 102, número 1, julio de 2003, págs. 181-192.

5. Moldenhauer, J.S. and Sibai, B.M. Hypertensive Disorders of Pregnancy, in Scott, J.R. et al (eds): Danforth’s Obstetrics and Gynecology, Novena edición. Philadelphia, Lippincott Williams & Wilkins, 2003, págs. 257-271.

6. Chappell, L.C., et al. Effect of Antioxidants on the Occurrence of Preeclampsia in Women at Increased Risk: A Randomized Trial. Lancet, volumen 354, 4 de septiembre de 1999, págs. 810-816.

09-1530-01; 8/04


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