3 de julio de 2009
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La mayoría de los embarazos dura cerca de 40 semanas. Cuando un bebé nace entre las semanas 37 y 42 de gestación se dice que es un bebé nacido a término. A los bebés nacidos antes de finalizadas las 37 semanas de embarazo se los llama bebés prematuros. En los Estados Unidos, aproximadamente el 12.8 por ciento de los bebés —más de medio millón por año— nace de forma prematura.1 El índice de nacimientos prematuros ha aumentado en un 36 por ciento desde comienzos de los años 80.1

El nacimiento prematuro es un problema de salud serio. Los bebés prematuros corren un riesgo mayor de tener complicaciones de salud al nacer, como problemas respiratorios, e incluso de morir. En la mayoría de los casos, estos bebés requieren atención especial en una unidad de cuidados intensivos neonatal (NICU por ss siglas en inglés), con personal médico y equipos especializados capaces de tratar los diferentes problemas a los que están expuestos.

Los bebés prematuros también tienen un riesgo más alto de padecer incapacidades permanentes, como retraso mental, problemas de aprendizaje y de conducta, parálisis cerebral, problemas pulmonares y pérdida de la visión y la audición. Dos estudios recientes sugieren que los bebés prematuros podrían tener un riesgo mayor de desarrollar síntomas asociados con autismo (problemas sociales, de conducta y del habla).2,3 Los estudios sugieren también que los bebés muy prematuros podrían tener un riesgo mayor de padecer ciertos problemas de salud en la adultez, como diabetes, alta presión arterial y enfermedad cardiaca.4

¿En qué momento del embarazo nace la mayoría de los bebés prematuros?
Más del 70 por ciento de los bebés prematuros nace entre las 34 y las 36 semanas de gestación.1 En estos casos se habla de nacimientos prematuros casi a término. Estos bebés representan la mayor parte del aumento en el índice de nacimientos prematuros en los Estados Unidos. Un estudio realizado en 2008 comprobó que las cesáreas representan prácticamente la totalidad del aumento en los nacimientos prematuros de un solo bebé en los Estados Unidos y que este grupo registró el mayor aumento en partos por cesárea.5

Cerca del 12 por ciento de los bebés prematuros nace entre las semanas 32 y 33 de gestación, aproximadamente el 10 por ciento entre las semanas 28 y 31 y cerca del seis por ciento antes de cumplidas las 28 semanas de gestación.1

Todos los bebés prematuros corren el riesgo de tener problemas de salud, pero cuanto más prematuros son, más alto es el riesgo de padecer complicaciones serias. Por lo general, los bebés nacidos antes de las 32 semanas de gestación son muy pequeños y sus órganos se encuentran menos desarrollados que los de los bebés nacidos después. Afortunadamente, los avances en la obstetricia y la neonatología, la rama de la pediatría que se ocupa de los recién nacidos, han mejorado las probabilidades de supervivencia incluso para los bebés más pequeños.

¿Cuáles son las causas de los nacimientos prematuros?
La mayoría de los nacimientos prematuros se debe a un parto prematuro espontáneo o como consecuencia de la rotura prematura de las membranas, cuando el saco que se encuentra dentro del útero y que contiene al bebé se rompe antes de tiempo. Se llama parto prematuro al parto que comienza antes de cumplidas las 37 semanas de gestación. No se conocen a ciencia cierta las causas del parto prematuro o de la rotura prematura de las membranas pero las últimas investigaciones sugieren que en muchos casos obedecen a la respuesta natural del organismo a ciertas infecciones, como aquellas que afectan al líquido amniótico y las membranas fetales. Sin embargo, en aproximadamente la mitad de los nacimientos prematuros, los médicos no pueden determinar la razón que provoca un parto prematuro en la mujer.

Aproximadamente el 25 por ciento de los nacimientos prematuros tiene lugar cuando el médico induce el parto antes de término o cuando se realiza un parto por cesárea debido a complicaciones en el embarazo o a problemas de salud de la madre o el feto.6 En muchos de estos casos, el parto prematuro es probablemente la opción más segura para la madre y el bebé. No obstante, lo que preocupa a March of Dimes es que algunos partos prematuros tienen lugar sin una justificación médica adecuada o se realizan a pedido de la madre. En algunos casos, esto puede llevar a un nacimiento prematuro casi a término con riesgos potenciales para el bebé. Se recomienda a las mujeres esperar al menos 39 semanas para programar un parto inducido o una cesárea, a menos que existan problemas médicos que requieran adelantar el parto.7,8

¿Qué mujeres tienen un riesgo mayor de tener un parto prematuro?
Cualquier mujer puede tener un parto prematuro pero existen algunas que corren un riesgo mayor. Los investigadores han identificado algunos factores de riesgo pero los médicos aún no han podido determinar qué mujeres están más expuestas.

Existen tres grupos de mujeres con un riesgo mayor de tener un parto prematuro:

  • mujeres que ya han tenido un parto prematuro
  • mujeres que esperan mellizos, trillizos o más bebés
  • mujeres con ciertas anomalías en el útero o en el cuello del útero.

Ciertos factores relacionados con el estilo de vida pueden poner a una mujer en mayor riesgo de tener un parto prematuro, como por ejemplo:

  • la falta de cuidados prenatales o comenzar los cuidados prenatales demasiado tarde
  • el fumar
  • el beber alcohol
  • el consumo de drogas ilícitas
  • la exposición al medicamento dietilestilbestrol (DES)
  • la violencia doméstica (incluido el abuso físico, sexual y emocional)
  • la falta de apoyo social
  • niveles excesivos de estrés
  • trabajar muchas horas permaneciendo de pie demasiado tiempo seguido.

Ciertos trastornos médicos durante el embarazo también pueden aumentar la probabilidad de que una mujer tenga un parto prematuro como, por ejemplo:

  • infecciones (incluidas infecciones del tracto urinario, vaginales, transmitidas sexualmente y otras infecciones)
  • alta presión arterial
  • diabetes
  • trastornos de coagulación (trombofilia)
  • bajo peso antes del embarazo
  • obesidad
  •  períodos cortos entre embarazos (un estudió comprobó que esperar menos de 18 meses entre un nacimiento y el comienzo del siguiente embarazo aumenta el riesgo de parto prematuro, aunque el mayor riesgo se da cuando pasan menos de seis meses.9 Se recomienda a las mujeres consultar a su médico para determinar cuánto tiempo le conviene esperar en cada caso).
  • estar embarazada con un sólo bebé después de una fertilización in vitro
  • defectos congénitos en el bebé10
  • sangrado vaginal.

Hay algunos factores demográficos que también aumentan el riesgo de parto prematuro:

  • la madre es de raza negra no hispana
  • la madre tiene menos de 17 años o más de 35
  • nivel socioeconómico bajo.

Aunque la mujer tenga uno o más de estos factores de riesgo, no significa que vaya a tener un parto prematuro. No obstante, se recomienda a todas las mujeres aprender cuáles son las señales del parto prematuro y qué deben hacer en cada caso.

¿Qué complicaciones médicas son comunes en los bebés prematuros?
Hay una serie de complicaciones que son más comunes en los bebés prematuros que en los bebés nacidos a término:

Síndrome de dificultad respiratoria (SDR). Cerca de 23,000 bebés al año —la mayoría de ellos nacidos antes de las 34 semanas de gestación— padecen este problema respiratorio.11 Los bebés con SDR carecen de una proteína llamada surfactante que impide que los pequeños sacos de aire que hay en los pulmones se colapsen. El tratamiento con surfactante ayuda a los bebés a respirar con más facilidad. Desde que fue introducido en 1990, las muertes a causa de SDR han disminuido en aproximadamente la mitad.12

El médico puede sospechar que el bebé tiene SDR cuando nota que hace esfuerzo al respirar. A menudo, el diagnóstico puede confirmarse mediante una radiografía de los pulmones y análisis de sangre. Además del tratamiento con surfactante, los bebés con SDR pueden necesitar oxígeno adicional y asistencia respiratoria mecánica para mantener dilatados los pulmones. Es posible que necesiten usar un respirador o que deban recibir un tratamiento conocido como presión positiva continua en las vías respiratorias (PPCV), un método que consiste en aplicar aire presurizado a los pulmones del bebé a través de pequeños tubos que se colocan en la nariz del bebé, o a través de un tubo que se le inserta en la tráquea. La PPCV ayuda al bebé a respirar, pero no respira por él. Los bebés más enfermos pueden necesitar la ayuda de un respirador que respire por ellos mientras sus pulmones maduran. 

Apnea. A veces, los bebés prematuros dejan de respirar durante 20 segundos o más. Esta interrupción en la respiración se denomina apnea y puede ir acompañada de una reducción en el ritmo cardíaco. Los bebés prematuros están bajo observación constante para detectar cualquier caso de apnea. Si el bebé deja de respirar, el personal de enfermería lo estimulará dándole palmaditas o tocándole las plantas de los pies.

Hemorragia intraventricular (HIV). Las hemorragias cerebrales son comunes en algunos bebés prematuros, en particular aquellos nacidos antes de las 32 semanas de gestación. Normalmente, estas hemorragias se producen durante los primeros tres días de vida y, por lo general, pueden diagnosticarse mediante un ultrasonido. Casi todas las hemorragias cerebrales son leves y se resuelven solas, provocando pocas o ninguna consecuencia permanente. Las hemorragias más graves pueden afectar la sustancia del cerebro o hacer que los ventrículos cerebrales (unas cavidades del cerebro que están llenas de líquido) se dilaten rápidamente y aumenten la presión sobre él, lo cual puede producir daño cerebral (como parálisis cerebral o problemas de aprendizaje y conducta). Cuando el líquido permanece en los ventrículos, los neurocirujanos suelen introducir un tubo en el cerebro para drenar el líquido y reducir el riesgo de daño cerebral.

Conducto arterial patente (CAP). El conducto arterial patente es un problema cardíaco comúnmente observado en los bebés prematuros. Antes del nacimiento, una arteria grande llamada ductus arteriosus o conducto arterial hace que la sangre se desvíe y no pase por los pulmones ya que el feto recibe el oxígeno que necesita a través de la placenta. Normalmente, el conducto arterial se cierra poco después del nacimiento para que la sangre pueda circular hacia los pulmones y absorber oxígeno. Cuando el conducto arterial no se cierra adecuadamente, puede llevar a insuficiencia cardíaca. El CAP puede diagnosticarse mediante un tipo especial de ultrasonido conocido como ecocardiografía o con otras pruebas por imágenes. Los bebés con CAP se tratan con un medicamento que ayuda a cerrar el conducto arterial, aunque puede requerirse cirugía si el medicamento no resulta eficaz.

Enterocolitis necrotizante (ECN}. Algunos bebés prematuros desarrollan este problema intestinal potencialmente peligroso de dos a tres semanas después del nacimiento, que puede llevar a dificultades de alimentación, hinchazón abdominal y otras complicaciones. La ECN puede diagnosticarse mediante análisis de sangre y pruebas por imágenes, como radiografías. Los bebés afectados se tratan con antibióticos y se alimentan por vía intravenosa mientras su intestino se cura. En algunos casos, es necesario realizar una cirugía para extirpar secciones lesionadas del intestino.
 
Retinopatía de la premadurez (RDP). La retinopatía de la premadurez es un crecimiento anormal de los vasos sanguíneos del ojo que puede llevar a la pérdida de la visión y se produce principalmente en los bebés nacidos antes de las 32 semanas de gestación. La RDP puede diagnosticarse mediante un examen oftalmológico varias semanas después del nacimiento. La mayoría de los casos son leves y los ojos se curan solos con poca o ninguna pérdida de la visión. En los casos más graves, el oftalmólogo puede tratar los vasos anormales con láser o con crioterapia (congelamiento) para proteger la retina y preservar la visión. 

Ictericia. Los bebés prematuros tienen más probabilidades que los bebés nacidos a término de desarrollar ictericia ya que sus hígados no se encuentran lo suficientemente maduros para eliminar un producto de desecho llamado bilirrubina de la sangre. Los bebés con ictericia se caracterizan por tener un color amarillento en la piel y en los ojos. La ictericia suele ser leve y, por lo general, no es perjudicial. No obstante, si la concentración de bilirrubina es muy elevada puede causar daño cerebral. A través de análisis de sangre se puede comprobar si las concentraciones de bilirrubina son muy altas y, en ese caso, se puede tratar al bebé con luces especiales (fototerapia) que ayudan a su organismo a eliminar la bilirrubina y, de esa forma, evitar el daño cerebral. Ocasionalmente, si los niveles de bilirrubina aumentan demasiado, el bebé puede necesitar un tipo de transfusión de sangre especial.

Anemia. Los bebés prematuros a menudo son anémicos, lo cual significa que no tienen suficientes glóbulos rojos. Normalmente, el bebé almacena hierro durante los últimos meses de gestación y lo utiliza hacia el final del embarazo y después del nacimiento para producir glóbulos rojos. Los bebés prematuros pueden no haber tenido suficiente tiempo para almacenar hierro. Si el bebé es anémico, suele desarrollar problemas de alimentación y crecer más lentamente. La anemia también puede agravar los problemas cardíacos o de respiración. Estos bebés pueden tratarse con suplementos dietéticos de hierro, medicamentos que aumentan la producción de glóbulos rojos, o con transfusiones de sangre.

Enfermedad pulmonar crónica o displasia broncopulmonar (DBP). La enfermedad pulmonar crónica afecta principalmente a los bebés prematuros que requieren tratamiento permanente con oxígeno suplementario. El riesgo de DBP aumenta en los bebés que siguen necesitando oxígeno 36 semanas después de su concepción (es decir, cuando las semanas de embarazo más las semanas después de su nacimiento superan las 36 semanas). Estos bebés acumulan líquido en los pulmones y sufren cicatrices y lesiones pulmonares que pueden observarse mediante radiografías. Los bebés afectados se tratan con oxígeno y medicamentos que facilitan la respiración. En algunos casos, requieren asistencia de un respirador, cuyo uso se va interrumpiendo gradualmente. Por lo general, sus pulmones se curan durante los dos primeros años de vida, aunque muchos niños con DBP desarrollan una enfermedad pulmonar crónica similar al asma. 

Infecciones. Los bebés prematuros tienen sistemas inmunológicos inmaduros incapaces de combatir de manera eficiente las bacterias, los virus y otros organismos que pueden causar infecciones. Algunas de las infecciones graves normalmente observadas en los bebés prematuros incluyen, entre otras, neumonía (infección pulmonar), sepsis (infección de la sangre) y meningitis (infección de las membranas que rodean el cerebro y la médula espinal). Los bebés pueden contraer estas infecciones de sus madres al nacer o infectarse después del nacimiento. Las infecciones se tratan con antibióticos o medicamentos antivirales.

¿Qué ocurre cuando los bebés nacen antes de las 28 semanas de gestación?
En Estados Unidos menos del uno por ciento de los bebés nace de forma tan prematura, pero son los que sufren la mayor cantidad de complicaciones.1 La mayoría de estos bebés nace con un peso demasiado bajo (menos de dos libras y tres onzas). Prácticamente todos ellos requieren tratamiento con oxígeno, surfactante y asistencia respiratoria mecánica para poder respirar. Además, estos bebés son demasiado inmaduros para succionar, tragar y respirar al mismo tiempo. Por esta razón, se los debe alimentar por vía intravenosa hasta que desarrollen las habilidades necesarias. A menudo no pueden llorar (o no es posible oírlos debido al tubo que tienen en la garganta) y duermen la mayor parte del día. Estos bebés de tamaño tan pequeño tienen poco tono muscular y la mayoría se mueve muy poco.

Estos bebés muy prematuros tienen un aspecto muy diferente al de los bebés nacidos a término. Su piel es arrugada y de color morado rojizo y son tan delgados que se pueden ver los vasos sanguíneos a través de su piel. Su cara y su cuerpo están cubiertos con pelo blando llamado lanugo. Como estos bebés no han tenido tiempo de acumular grasa, se ven muy delgados. Por lo general, tienen los ojos cerrados y no tienen pestañas.

Estos bebés corren un alto riesgo de desarrollar una o más de las complicaciones antes mencionadas. No obstante, la mayoría de los nacidos después de cumplidas 26 semanas de gestación sobrevive (cerca del 80 por ciento de los que nacen a las 26 semanas), aunque pueden tener que permanecer más tiempo en la unidad de cuidados intensivos neonatales (NICU).13 Los índices de supervivencia pueden variar considerablemente en función de otros factores no relacionados con la edad gestacional. Algunos de los factores que pueden mejorar los índices de supervivencia son un mayor peso al nacer, sexo femenino, antecedentes de tratamientos prenatales con corticosteroides (medicamentos que aceleran el desarrollo de los pulmones) y embarazo de un bebé solo (no de mellizos o más bebés).14 Lamentablemente, cerca del 25 por ciento de estos bebés tan prematuros desarrolla incapacidades permanentes serias y hasta la mitad puede tener problemas más leves, como problemas de aprendizaje y conducta.15

¿Qué ocurre con los bebés nacidos entre las 28 y las 31 semanas de gestación?
Estos bebés tienen un aspecto muy similar al de los bebés nacidos antes, pero son más grandes (por lo general pesan entre dos y cuatro libras) e incluso tienen más probabilidades de sobrevivir (aproximadamente 96 por ciento).13 Muchos de ellos requieren tratamiento con oxígeno, surfactante y asistencia respiratoria. A algunos de ellos se les puede amamantar o alimentar con fórmula por un tubo que se les coloca en el estómago a través de la nariz o la boca, aunque a otros se los debe alimentar por vía intravenosa.

Algunos de estos bebés pueden llorar y moverse pero sus movimientos pueden ser bruscos. Estos bebés pueden agarrar los dedos de las personas cuando se los acercan. Además, pueden abrir los ojos y comienzan a permanecer despiertos y alertas durante períodos breves.

Los bebés nacidos entre las 28 y 31 semanas corren el riesgo de sufrir algunas de las complicaciones arriba mencionadas pero, cuando esto ocurre, no suelen ser tan graves como en el caso de los bebés nacidos antes. Los bebés de muy bajo peso (menos de tres libras y cuatro onzas) siguen estando expuestos al riesgo de desarrollar incapacidades serias. 

¿Qué ocurre con los bebés nacidos entre las 32 y las 33 semanas de gestación?
Aproximadamente el 98 por ciento de estos bebés sobrevive.13 La mayoría pesa entre tres y cinco libras y tiene un aspecto más delgado que los bebés nacidos a término. Muchos de ellos necesitan oxígeno suplementario aunque algunos pueden respirar por cuenta propia. A algunos de ellos se les puede amamantar o alimentar con biberón, aunque aquellos con dificultades respiratorias probablemente deberán ser alimentados por un tubo. Los bebés nacidos en esta etapa de gestación tienen menos probabilidades que los nacidos antes de desarrollar incapacidades graves debido a su nacimiento prematuro, aunque pueden tener un mayor riesgo de padecer problemas de aprendizaje y de conducta.
 
¿Los bebés nacidos entre las semanas 34 y 36 de gestación corren riesgo de tener problemas de salud?
Los bebés prematuros casi a término suelen ser más sanos que los nacidos antes. Más del 99 por ciento de estos bebés sobrevive, pero tienen seis veces más probabilidades que los bebés nacidos a término de morir durante la primera semana de vida (2.8 cada 1,000 vs. 0.5 cada 1,000) y tres veces más probabilidades de morir durante el primer año de vida (7.9 cada 1,000 vs. 2.4 cada 1,000).16 Por lo general, pesan entre cuatro libras y media y seis libras pero parecen más delgados que los bebés nacidos a término. Estos bebés siguen teniendo un riesgo más alto que los bebés nacidos a término de tener problemas de salud típicos de los recién nacidos, como problemas para respirar y comer, dificultades para regular la temperatura del cuerpo e ictericia.17 Por lo general, estos problemas son leves. A la mayoría de ellos se les puede amamantar o alimentar con biberón, aunque algunos (especialmente los que tienen leves dificultades de respiración) probablemente deberán ser alimentados por un tubo durante un breve tiempo.

A las 35 semanas de gestación el peso del cerebro del bebé es de apenas dos tercios de lo que pesará a las 40 semanas.17 Debido a que el desarrollo de su cerebro no está completo, estos bebés pueden tener un riesgo mayor de padecer problemas de aprendizaje y de conducta.17 La mayoría no desarrolla incapacidades graves como consecuencia del nacimiento prematuro. No obstante, un estudio reciente comprobó que los bebés prematuros casi a término tienen un riesgo más de tres veces mayor de desarrollar parálisis cerebral y un riesgo ligeramente mayor de tener retrasos en el desarrollo que los bebés nacidos a término.18 Otro estudio comprobó que los adultos nacidos entre las 34 y las 36 semanas de gestación pueden tener más probabilidades que los nacidos a término de tener leves incapacidades y de obtener remuneraciones más bajas a lo largo de su vida laboral.19

¿Cómo puede la mujer reducir el riesgo de parto prematuro?
Es posible reducir el riesgo de parto prematuro consultando al médico antes del embarazo y recibiendo cuidados prenatales regulares desde el comienzo. Una visita al médico antes de la concepción es fundamental, especialmente para las mujeres que padecen trastornos de salud crónicos, como diabetes o alta presión arterial, que pueden contribuir a un nacimiento prematuro. Cuando la mujer recibe cuidados previos a la concepción y prenatales adecuados, por lo general los médicos pueden identificar los problemas desde el comienzo y tratarlos, para reducir el riesgo de parto prematuro.

Se recomienda a todas las mujeres en edad fértil tomar una multivitamina con 400 microgramos de ácido fólico todos los días desde antes del embarazo como parte de una dieta sana. Un estudio reciente sugiere que tomar ácido fólico desde al menos un año antes del embarazo podría reducir el riesgo de tener un bebé prematuro en la mitad.20 Tomar ácido fólico antes y durante las primeras semanas de embarazo también reduce el riesgo de ciertos defectos congénitos serios del cerebro y la médula espinal.

La mujer debe evitar fumar, beber alcohol y consumir drogas ilícitas antes y durante el embarazo. Además, debe procurar alcanzar un peso saludable antes del embarazo ya que las mujeres con sobrepeso o poco peso tienen un riesgo mayor de parto prematuro. También debe aumentar la cantidad de peso recomendada durante el embarazo: por lo general, de 25 a 35 libras en el caso de mujeres que comienzan el embarazo con un peso normal, de 15 a 25 libras en el caso de mujeres que comienzan con sobrepeso y aproximadamente 15 libras en el caso de mujeres obesas. Las mujeres que tienen bajo peso antes del embarazo deben aumentar de 28 a 40 libras.

El tratamiento con la hormona progesterona puede ayudar a prevenir otro nacimiento prematuro en mujeres que ya han tenido un bebé prematuro. El Colegio de Obstetras y Ginecólogos de los EE.UU. (American College of Obstetricians and Gynecologists, ACOG) recomienda este tratamiento únicamente a las mujeres que ya han tenido un parto prematuro espontáneo (no inducido) y que están esperando un solo bebé.21 Los estudios demuestran que las inyecciones semanales de una forma de progesterona (llamada 17P) reduce el riesgo de parto prematuro en aproximadamente un tercio de estas mujeres.22 Otro estudio comprobó que el tratamiento con supositorios de progesterona vaginales redujo el índice de nacimientos prematuros en mujeres con un cuello uterino corto (la mayoría de las cuales no tenía antecedentes de parto prematuro).23 Puede determinarse si una mujer tiene un cuello uterino corto mediante un ultrasonido vaginal. El ACOG recomienda a los médicos considerar un tratamiento con progesterona en estas mujeres pero no es necesario realizar a todas un ultrasonido para determinar si tienen un cuello uterino corto.21 Los estudios no han comprobado que el tratamiento con progesterona sea útil para prevenir el parto prematuro en embarazos de mellizos.21 Se requieren más estudios para determinar qué mujeres en alto riesgo pueden beneficiarse con el tratamiento con progesterona y qué forma de progesterona resulta más eficaz.

¿Pueden prevenirse los problemas de salud en los bebés prematuros?
Cuando el médico sospecha que una mujer podría tener un parto prematuro, puede indicarle un tratamiento con corticosteroides. Los corticosteroides aceleran la maduración de los pulmones del feto y reducen considerablemente el riesgo de SDR, HIV y muerte del bebé.12 El médico puede administrar a la mujer embarazada dos o más inyecciones con este tipo de fármaco. El tratamiento es más eficaz cuando se administra al menos 24 horas antes del parto.

El médico puede indicar además un tratamiento con medicamentos (llamados tocolíticos) para demorar el parto (aunque a menudo no más de un par de días). Pero incluso esta breve demora puede dar al médico tiempo para tratar a la mujer embarazada con corticosteroides y preparar el parto en un hospital que tenga una unidad de cuidados intensivos neonatales (NICU) para proporcionar los cuidados adecuados que pueden salvar la vida del bebé prematuro. Un estudio reciente comprobó que el tratamiento con un tocolítico llamado sulfato de magnesio puede reducir considerablemente el riesgo de parálisis cerebral en los bebés prematuros.24 Se requieren más estudios para confirmar la eficacia de este tratamiento.

¿March of Dimes apoya la investigación de las causas del parto prematuro?
March of Dimes otorga una serie de becas destinadas a profundizar el conocimiento de las causas del parto prematuro, con el objetivo de conocer de qué manera prevenirlo. Algunos becarios de Iniciativa de Investigación del Nacimiento Prematuro (Prematurity Research Initiative), por ejemplo, están estudiando cómo influyen los genes y los factores hereditarios en los partos prematuros y cómo la velocidad de desarrollo de los pulmones del feto, las infecciones y otros factores pueden contribuir a un parto prematuro. Otros becarios están buscando formas de mejorar los tratamientos existentes para los bebés prematuros, incluidos los afectados con SDR, ECN y RDP.

Referencias
1. Martin, J.A. et al. Births: Final Data for 2006. National Vital Statistics Reports, volumen 57, número 7, 7 de enero de 2008.

2. Limperopoulos, C., et al. Positive Screening for Autism in Ex-Preterm Infants: Prevalence and Risk Factors. Pediatrics, volumen 212, número 4, abril de 2008, págs. 758-765.

3. Schendel, D. y Bhasin, T.K. Birth Weight and Gestational Age Characteristics of Children with Autism, Including a Comparison with Other Developmental Disabilities. Pediatrics, volumen 121, número 6, junio de 2008, págs. 1155-1164.

4. Hovi, P., et al. Glucose Regulation in Young Adults with Very Low Birthweight. New England Journal of Medicine, volumen 356, número 20, 17 de mayo de 2007, págs. 2053-2063.

5. Bettegowda, V.R., et al. The Relationship Between Cesarean Delivery and Gestational Age Among U.S. Singleton Births. Clinics in Perinatology, volumen 35, 2008, págs. 309-323.

6. Iams, J.D. The Epidemiology of Preterm Birth. Clinics in Perinatology, volumen 30, 2003, págs. 651-654.

7. American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG). Cesarean Delivery on Maternal Request. ACOG Committee Opinion, número 394, diciembre de 2007.

8. American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG). Induction of Labor. ACOG Practice Bulletin, número 10, noviembre de 1999.

9. Conde-Agudelo, A., et al. Birth Spacing and Risk of Adverse Perinatal Outcomes. Journal of the American Medical Association, volumen 295, número 15, 19 de abril de 2006, págs. 1809-1823.

10. Honein, M.A., et al. The Association Between Major Birth Defects and Preterm Birth. Maternal and Child Health Journal, publicado en línea el 17 de mayo de 2008, http:dx/doi/org/10.1007.s10995-008-0348-y.

11. Martin, J.A. et al. Births: Final Data for 2003. National Vital Statistics Reports, volumen 54, número 2, 8 de septiembre de 2005.

12. Engle, W.A. y Committee on Fetus and Newborn. Surfactant-Replacement Therapy for Respiratory Distress in the Preterm and Term Neonate. Pediatrics, volumen 121, número 2, febrero de 2008, págs. 419-428.

13. National Center for Health Statistics. 2004 Period Linked Birth/Infant Death Data. Preparado por March of Dimes Perinatal Data Center, 2008

14. Tyson, J.E., et al. Intensive Care for Extreme Prematurity – Moving Beyond Gestational Age. New England Journal of Medicine, volumen 358, número 16, 17 de abril de 2008, págs. 1672-1681.

15. American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG). Perinatal Care at the Threshold of Viability. ACOG Practice Bulletin, número 38, septiembre de 2002 (confirmado 2008).


16. Tomashek, K., et al. Differences in Mortality between Late-Preterm and Term Singleton Infants in the United States. Journal of Pediatrics, volumen 15, noviembre de 2007, págs. 450-456.

17. Engle, W.A., et al. y Committee on Fetus and Newborn. “Late-Preterm” Infants: A Population at Risk. Pediatrics, volumen 120, número 6, diciembre de 2007, págs. 1390–1401.

18. Petrini, J., et al. Increased Risk of Adverse Neurological Development for Late Preterm Infants. Journal of Pediatrics on- line, 11 de diciembre de 2008.

19. Moster, D., et al. Long-term Medical and Social Consequences of Preterm Birth. New England Journal of Medicine, volumen 395, número 3, 17 de julio de 2008, págs. 262-273.

20. Bukowski, R., et al. Preconceptional Folate Prevents Preterm Delivery (abstract). American Journal of Obstetrics and Gynecology, volumen 197, número 6, diciembre de 2007, S3.

21. American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG). Use of Progesterone to Reduce Preterm Birth. ACOG Committee Opinion, número 419, octubre de 2008.

22. Meis, P.J., et al. Prevention of Recurrent Preterm Delivery by 17 Alpha-Hydroxyprogesterone Caproate. New England Journal of Medicine, 2003, volumen 348, págs. 2379-2385.

23. Fonseca, E.B., et al. Progesterone and the Risk of Preterm Birth Among Women with a Short Cervix. New England Journal of Medicine, volumen 375, número 5, 2 de agosto de 2007, págs. 462-469.

24. Rouse, D.J., et al. A Randomized, Controlled Trial of Magnesium Sulfate for the Prevention of Cerebral Palsy. New England Journal of Medicine, volumen 359, número 9, 28 de agosto de 2008, págs. 895-905.

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